Artículo de opinión – Injustificable es realizar un comunicado conjunto a las pocas horas de asesinar a Miguel Ángel Blanco y no condenar esa acción.
Pasado un mes del secuestro, tortura y posterior asesinato de Miguel Ángel Blanco, cometido en fechas coincidentes con los pasados Sanfermines, considero oportuno realizar un comentario sobre los comunicados públicos efectuados por las peñas de Pamplona en esos días.
Me voy a referir en primer lugar al último de ellos, al más largo, al que intentan explicar sus actuaciones anteriores, al que intentan justificar lo injustificable.
Porque injustificable es realizar un comunicado conjunto a las pocas horas de asesinar a una persona, por el solo hecho de ser un representante elegido, en elección libre y secreta, por su pueblo, y no condenar esa acción, y eso que las peñas, según manifiestan, son «sociedades comprometidas con nuestros tiempos, por lo que siempre hemos denunciado situaciones socialmente injustas».
Para los portavoces de las peñas, que son quienes realizan el primer comunicado, la situación de un hombre secuestrado, condenado a muerte, a través de un chantaje, sin abogado defensor, sin juicio alguno, y ejecutado, atado y de rodillas, mediante dos tiros en la nuca, no es una situación socialmente injusta. Ni la de mantener en situaciones infrahumanas 532 días a Ortega Lara. Y no soy yo quien diga que las peñas tengan que meterse en estos asuntos. Son los llamados portavoces de las peñas.
En la cronología que efectúan de los hechos, bajo su peculiar punto de vista, no citan que su portavoz máxima Txaro Pardo y algunos de sus portavoces no son capaces de ponerse en pie como el resto de los asistentes a la sesión que el Pleno del Ayuntamiento celebró, durante el minuto de silencio que el alcalde solicitó.
En su comunicado los portavoces de las peñas llegan a pedir la dimisión del presidente del Gobierno, por haber suspendido la corrida ‘que estaba anunciada para hora y media después de aparecer el cuerpo agonizante de una víctima del terrorismo de ETA, HB y sus secuaces.
La falta de sintonía de los portavoces de las peñas, con la realidad de Pamplona y Navarra, ha quedado reflejada para la historia en la multitud de fotografías y vídeos que demuestran el sentir de nuestro pueblo con sus aplausos a esta decisión, tanto del sol como de la sombra, incluidos los ocupantes de los tendidos de las propias peñas, que de forma espontánea manifestaron sus sentimientos, que por lo que se vio no coinciden con sus portavoces.
Se lee en el largo comunicado «Las peñas no somos entidades políticas», y yo pienso que esto es el colmo de la hipocresía de quienes lo suscriben, porque efectivamente las peñas no son ni con su origen ni con sus fines entidades políticas, pero desde hace muchos años lo son en la forma de actuar de la gran mayoría de ellas.
Sus pancartas, las de la mayor parte, tanto en su parte delantera como trasera reflejan un sentir político, que no coincide con el de la mayor parte de los ciudadanos de Pamplona.
La llamada Comisión de Peñas, ente sin personalidad jurídica, que cada vez reúne a menos Peñas, suscribe comunicados conjuntos con asociaciones o partidos minoritarios siempre de la misma tendencia. No creo necesario relacionarlos.
Recordamos los viajes organizados, no hace mucho, al País Vasco Francés, algún día de Sanfermines, para alegrar a los exiliados etarras.
Todo ello por la acción de las minorías politizadas, que se aprovechan del pasotismo de la mayor parte de los componentes de las peñas, que inexorablemente se van haciendo mayores y no quieren abandonarla por la garantía de abono para los toros, que en la peña encuentran. Este año hubo una peña que decidió una frase política en su cartel, por 15 votos contra 12, con 50 abstenciones presentes y cerca de 200 abstenciones ausentes.
Éstas son nuestras peñas hoy, las de la abstención y el pasotismo, porque en sus salidas, salvo la de los toros, no van nunca acompañadas, aparte de los músicos, ni por los 27 que ejercieron el voto activo en la reunión citada.
No es el señor Pascal quien con su atinada intervención en el Pleno creó un clima contrario a las Peñas. Hace ya muchos años que este clima existe, y no es a las peñas a las que se quiere y nos gustaría ver, como las del resto de Navarra, repartiendo música y alegría por calles y barrios, sino a la línea que desde hace años emana de la llamada Comisión de Peñas, dirigida por Txaro Pardo.
Hay dos temas del comunicado de las peñas con los que estoy de acuerdo, y a los que me voy a referir:
Uno es el de que las subvenciones municipales no deben servir para comprar independencia. Pienso que las libertades no se compran, pero lo que también pienso es que nuestro Ayuntamiento tiene la obligación de administrar bien hasta la última peseta de sus Presupuestos, y las subvenciones deben-de hacerse con unos condicionados, iguales para todos los ciudadanos, que son libres de cumplirlos o no cumplirlos, y una vez justificado su cumplimiento se abona la subvención. Algo que hoy no se hace.
El otro tema con el que estoy de acuerdo, y me alegra, es con el reconocimiento que se hace de haber podido obrar precipitadamente, siendo necesaria la capacidad de autocrítica. La espero.
(*) Concejal de UPN en el Ayuntamiento de Pamplona
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Diario de Noticias: 19970828 Portavoces y peñas – Diario de Noticias