– Hoy ve la luz, por primer vez, este Blog: El sentir del sereno –
Mi primera entrada tenía que ser esta.
Quiero dedicar esta primera entrada de El sentir del sereno a quienes tengo siempre presentes y no pienso olvidar. Porque cada día que paseo por mi Navarra querida os veo entre la gente como unos más, os saludo y me respondéis con un gesto cariñoso lleno de complicidad que no necesita complementarse articulando palabra alguna. Porque tú y yo sabemos que a buen entendedor pocas palabras bastan.
El tiempo va pasando. Parece que nunca sucedió. Algunos pretenden olvidar y otros lo han hecho ya. Me parece injusto. Todo lo que pasó por nada y para nada. No puede ser. No debe ser. Yo no me pienso olvidar.
Hoy, cuando me has dado los buenos días y deseado un feliz año, he recordado aquel fatídico día que ojalá nunca hubiera existido. He cerrado los ojos y te he visto llorar. He visto el abrazo con tus hijos y te he escuchado decir… ¿por qué?. He sentido el aliento de tu familia y el pesar de los compañeros de trabajo de tu marido. He observado la mirada perdida de tus hijos y la rabia contenida de sus amigos. La indignación de una parte de la sociedad y la indiferencia de otra. Pero sobre todo he vuelto a ver tu gesto de resignación, tu generosidad y serenidad y oído tu perdón.
Gracias por todo lo que nos estabas diciendo. Por todo lo que nos estabas enseñando. Por todo lo que nos conseguiste transmitir. Nada cayó en saco roto.
Hoy, cuando me has felicitado el nuevo año, me he dado cuenta que no podemos olvidarle. Que no podemos olvidarte. Que no podemos olvidaros. Porque no se trata de ganar unos a otros, aunque sí de derrotarles y creer en el estado de derecho. Se trata de no perder nuestra dignidad, de no agotar nuestra memoria y sí de obtener justicia. La justicia que os merecéis, que nos merecemos, la que nunca debería haber faltado.
Hoy me he sentido orgulloso de ser tu amigo y estar cerca de tí, de haberte abrazado, de haberte hecho reír un poco y sobre todo porque me has hecho sentir uno de los tuyos. Me conmueves cada vez que me das más de lo que yo te doy, cada vez que me preguntas por toda mi familia y sobre todo cada vez que te interesas y te preocupas por mí, por mi vida, por mis proyectos, por mis ilusiones… Tu generosidad es algo indescriptible. Vuestra generosidad es digna de admiración y agradecimiento.
De cada uno de nosotros depende caer en el olvido, dejaros en el olvido. La sociedad, España, Navarra no puede olvidaros porque soy de los que piensa que el olvido colectivo no existe. Existe el olvido individual, el de cada uno de nosotros, y de nosotros depende entonces. Por mi parte puedes seguir contando conmigo, podeís seguir contando conmigo, con nosotros. Con los que creemos en la paz, en la justicia, en el perdón, en la memoria, en que unos mataron y otros dieron su vida por los demás. Podéis seguir contando con los que vamos a relatar a nuestros pequeños lo que nunca debió pasar pero sucedió y que sepan que tan solo hace unos pocos años algunos dieron su vida por ellos. Tú, vosotros, sois el ejemplo vivo para que lo consigamos.
Por todo ello, nunca te olvidaré José Javier. Nunca te olvidaré Tomás. Nunca te olvidaré Paco. Nunca te olvidaré Juan Carlos. Nunca te olvidaré Diego.
Nunca os olvidaré Alfredo, Francisco Javier, Joaquín, Juan, Mª Cruz, Gregorio, Jesús, Juan José, Tomás, José Manuel, Jesús, Francisco, Fidel, Antonio, Juan, Francisco, Ángel, José Antonio, Bonifacio, Julián, Antonio, Vicente, Juan, José Luis, Francisco, Eduardo, Carlos, José Luis, Diego, Francisco, Pedro, José Luis, Sebastián, Alberto, Jesús, Francisco, Manuel.