Gota a Gota

Donar sangre es bonito, donarla altruistamente aún lo es más. Porque lo que nada nos cuesta, por nada lo tenemos que dar.

Si con lágrimas pudiera, resucitar a mi madre; iría a su sepultura, a llorar gotas de sangre. Esto es la donación de sangre y así lo canta la cultura popular: resucitar, dar vida al prójimo por unas gotas de sangre, por unas gotas de nuestra sangre.

No cuesta más de 20 minutos. Llegas al banco de sangre y te encuentras con otras personas como tú que también han ido a donar, aguardas la fila para que comprueben tu estado de salud desde la última vez que fuiste, recibiéndote con toda amabilidad y simpatía. Si todo está en orden, pasas a la sala de extracción y, con todo cariño y profesionalidad, comprueban tu tensión y a continuación regalas tus gotas de sangre que seguro salvarán alguna vida. Antes de irte, y en la sala de estar, te ofrecen con una sonrisa un tentempié que permite comprobar que todo ha ido bien y que ya te puedes marchar. Unas pocas horas después recuperas el líquido extraído y las células rojas en cuatro semanas. El hierro que se pierde después de la donación recupera su nivel en ocho semanas. ¿A que no hay excusa para no ser donante de sangre?

Cada segundo de cada día, alguien en el mundo necesita una transfusión de sangre para sobrevivir. Quienes sufren actos de violencia y traumatismos necesitan transfusiones sanguíneas seguras para reducir al máximo las defunciones y discapacidades en los pacientes. Son fundamentales también en intervenciones invasivas y quirúrgicas, operaciones a corazón abierto o trasplante de órganos. Después de un tratamiento de quimioterapia, especialmente si se produce destrucción de médula ósea, enfermos con leucemia, con cáncer, necesitan de nuestra sangre. Y en patología digestiva y en obstetricia, además para combatir la anemia grave. Yo no sé tú, pero yo que cerca veo algunas de estas situaciones.

Tenemos que sensibilizarnos acerca de la necesidad de disponer de sangre segura y también de que muchos de nosotros, quizás tú que estás leyendo esto, podemos aportar nuestro granito de arena y dejar caer algunas gotas de nuestra sangre para ir llenando de vida a quienes la van perdiendo poco a poco. Y hay que dar las gracias y rendir homenaje a quienes donan sangre y alentar a los donantes actuales a hacerlo de forma regular. Hay que animar a quienes están a nuestro alrededor a ser donantes, a ofrecer 20 minutos cada tres meses a los demás. No basta con predicar, el ejemplo es la mejor enseñanza. Por ti, por los demás… ¡haz algo increíble! ¡hazte donante y regala unas gotas de tu sangre!

Porque se necesita sangre y no se puede fabricar. Con tu gota mas la mía, gota a gota, conseguiremos fabricar vida.

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