Un Papa nuevo para una misión de siempre
La fumata blanca ha subido en el Vaticano y ya tenemos nuevo Papa: León XIV. Las cámaras lo siguen, los titulares hablan de su origen, su edad, su carácter, ¿qué línea representará?, ¿será conservador o progresista?, ¿será carismático?, ¿sorprenderá al mundo? Pero para los cristianos, lo importante no es nada de todo esto, lo esencial es, que desde este momento, León XIV es el sucesor de Pedro. No viene a sustituir a Francisco como persona, sino a ocupar el ministerio del Papa, esa misión única que atraviesa los siglos y que no es otra que ser el pastor de la Iglesia Católica.
Cada Papa forma parte de una historia de continuidad. Cada uno ha tenido su propio tono, su propio acento, sus propios gestos, pero todos han sido eslabones de una misma cadena que se remonta a hace más de dos mil años. No entendemos a Juan Pablo II sin Juan Pablo I, ni a Benedicto XVI sin Juan Pablo II, ni a Francisco sin Benedicto XVI. Y ahora llega León XIV, que no empieza de cero ni borra lo anterior. Llega para dar su propio paso en este camino que es mucho más grande que cualquier nombre y que cualquier rostro. Porque lo verdaderamente importante no es la figura del Papa, sino el mensaje que custodia: el Evangelio.
Este es un momento para mirar con confianza y unidad. Escucharemos: “Este Papa me gusta, el otro no; este es más moderno, aquel era más tradicional”. No se vota al Papa como si fuera un líder de partido o un ídolo de masas, se trata de reconocer en él al elegido para pastorear a la Iglesia universal. Y por eso, desde el primer segundo de su pontificado, debemos quererlo, ayudarlo, rezar por él.
Vivimos en tiempos en que cuesta confiar, en que nos cansamos rápido de las instituciones, en que todo se mide por likes y tendencias. Pero el desafío es justo el contrario: construir con fidelidad, con compromiso, con paciencia. León XIV nos necesitará a todos, y especialmente a los jóvenes, con su creatividad, su energía, su capacidad de soñar en grande. No importa si su estilo nos resulta más cercano o más lejano. Importa que lo arropemos, que lo sostengamos, que hagamos Iglesia juntos.
La tarea que tiene por delante no es fácil. El mundo está lleno de heridas: guerras, pobreza, desigualdad, soledad, desesperanza. El Papa no trae varitas mágicas, pero sí una certeza: que hay un camino mejor, que el Evangelio tiene algo que decirle a este tiempo. Acompañarlo en esa misión es responsabilidad de todos. No vale cruzarse de brazos y criticar desde la barrera. Hace falta sumar, rezar, apoyar.
Así que hoy, ante León XIV, no podemos quedarnos en debates superficiales. Tenemos Papa. Tenemos rumbo. Tenemos una misión común. Que no nos importe si nos cae más simpático o menos, si nos gusta cómo habla o cómo gesticula. Hoy somos llamados a ir todos a una, porque lo que está en juego es mucho más grande que nuestras preferencias personales. Rezamos por él, para que sea fiel a la voz del Espíritu, para que sepa discernir, para que nunca le falte el coraje de Pedro, el carisma de Juan Pablo II, la claridad de Benedicto XVI, ni la ternura del Papa Francisco. Que León XIV cuente con nosotros. Que desde ya sienta nuestro afecto, nuestra oración, nuestra compañía. Porque el Papa no camina solo. Camina con todo el pueblo de Dios. Y juntos, con nuestras diferencias y colores, estamos llamados a algo inmenso: anunciar, vivir y compartir el Evangelio, la mejor noticia que el mundo ha recibido jamás. Por cierto, la misma noticia de siempre, la Buena Noticia.
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Diario de Navarra: 20250510 Un Papa nuevo – Diario-Diario de Navarra-10_05_2025-07