Sabiduría popular

“Nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde”.

“Nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde”. Así me decía una buena amiga refiriéndose al reciente fallecimiento de un ser querido. Cuánta explicación y cuántos sentimientos en tan pocas palabras.

Esto ha provocado que vengan a mi recuerdo los veranos en el pueblo en los que, en cualquier momento del día y ante cualquier circunstancia, los abuelos y los vecinos soltaban uno de esos dichos populares que tan afinadamente describían lo que en ese momento sentían. Que pocas veces escuchamos hoy en día un refrán y que oportunos son para expresar, explicar o apuntillar la situación o pensamiento en un momento concreto.

Si le preguntamos a nuestro amigo Google por refrán, en cuestión de 0,65 segundos te ofrece la poco desdeñable cifra de “aproximadamente 3.370.000 resultados” donde poder encontrar el refrán necesario para cada momento. Hoy voy a recuperar más de uno con la esperanza de que, en algún caso, nos hagan reflexionar, y en otros, nos hagan sonreír e incluso recordar ciertos momentos vividos y a algunas personas (nuestros mayores) a las que les hemos oído decir alguno de ellos.

Empecemos sentados en la mesa: “A buen hambre, no hay pan duro”, “Ni mesa sin pan, ni mocita sin galán”, “Amigo que no da pan y cuchillo que no corta, aunque se pierdan no importa”.

De niños, jóvenes y mayores: “Casa sin niños, tiesto sin flores”, “Del niño el beso, del viejo el consejo”, “Come niño, y crecerás; bebe, viejo, y vivirás”, “Cuarentón y solterón, ¡qué suertes tienes ladrón!”.

Sobre la vida: “A mal vivir, mal morir”, “Celos y envidia, quitan al hombre la vida”, “Cabeza fría y pies calientes, dan larga vida a la gente”.

El dinero, como no, también está presente en el refranero: “Amigos, hasta de aquí a la mar; pero de prestarles dinero, ni hablar”, “Dinero ahorrado, dos veces ganado”, “El dinero al ignorante, lo hace necio y petulante”.

La familia también tiene lo suyo: “Creíques y penseques, familia de tonteques”, “Los niños dicen al jugar lo que oyen a sus padres en el hogar”, “De tus hijos solo esperes, lo que con tus padres hicieres”.

La Iglesia y los santos tampoco se libran: “Iglesia cerrada, ni culto ni nada”, “Al pasar el río: ¡ay santo mío!; pero ya pasado, santo olvidado”, “El que de santo resbala, hasta demonio no para”.

Y de la política y los políticos ¿qué?, ahí va alguno: “Da el sartenazo, quien tiene la sartén por el mango”, “Reunión de pastores, ovejas muertas”, “La nobleza del señor, hace bueno al servidor”.

Acabo con algunos de los refranes más populares que espero, querido lector, los leas despacio, dándoles sentido y, por qué no, con un toque reflexivo pues en el conjunto de todos ellos va una verdadera filosofía de vida: “A buen entendedor, pocas palabras bastan”, “A mal tiempo, buena cara”, “A palabras necias, oídos sordos”, “Cree el ladrón que todos son de su condición”, “Cuando el río suena, agua lleva”, “Más vale pájaro en mano que ciento volando”, “Del dicho al hecho hay un trecho”, “Dime de lo que presumes y te diré de lo que careces”, “Donde hay patrón no manda marinero”, “Cuando las barbas de tu vecino veas cortar, pon las tuyas a remojar”.

“El que mucho abarca poco aprieta”, “No hay bien ni mal que cien años dure”, “Haz el bien y no mires a quién”, “El que siembra vientos recoge tempestades”, “En el país de los ciegos el tuerto es el rey”, “Más vale ser cabeza de ratón que cola de león”, “En todas partes cuecen habas y en mi casa a calderadas”, “De bien nacidos es ser agradecidos”, “El que se pica, ajos come”, “Lo bueno si breve, dos veces bueno y si malo, menos malo”, “Más vale malo conocido que bueno por conocer”.

“No es oro todo lo que reluce”, “El que no llora no mama”, “Nunca es tarde si la dicha es buena”, “Ojos que no ven corazón que no siente”, “Siempre hay un roto para un descosido”, “Más sabe el diablo por viejo que por diablo”, “Tanto va el cántaro a la fuente que al fin se rompe”, “Un grano no hace granero, pero ayuda al compañero”, “Una retirada a tiempo es una victoria”, “Unos tienen la fama y otros cardan la lana”, “Vístete despacio, que tienes prisa”.

¡Verdades como puños!

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